AL CLIENTE LO QUE PIDA
León González
leongonzalezp@gmail.com
Máster en Legislación Ambiental
En una clase de legislación turística, a partir de un tema que se estaba desarrollando, se desató una serie de comentarios relacionados con la ética, la responsabilidad social empresarial, regulaciones jurídicas, limitaciones, etc. Entre los comentarios dije que había que tener mucho cuidado con la, muy utilizada frase que dice: “el cliente siempre tiene la razón”. Es una frase que, aunque se diga mucho, cuando el cliente quiere aplicarla, la mayoría del comercio se la restriega en la cara y no la acepta (no le devuelve el dinero, no se repara el artefacto, no se cumple con la garantía, no se sirve lo indicado en el menú, no se atiende el reclamo porque salió algún “bichillo” o pelo en la comida, etc) y es una frase que tiene sus “límites”, sin entrar a hacer diferencias entre “límites” y limitaciones”.
Un estudiante se refirió a otra frase que dice: “al cliente lo que pida”. Este estudiante y otros que tienen experiencia en la “industria” del turismo, comentaban que muchos hoteles trabajan bajo esa consigna, pues de lo que se trata es que el cliente se vaya satisfecho y de esta manera quede “invitado” a regresar.
La “industria” del turismo no escapa al uso de esas frases.
El estudiante comentó una experiencia vivida en un hotel donde laboró y en el que se aplicaba la frase anterior. Resulta que llegaron unos huéspedes extranjeros e hicieron contacto con un empleado para que les consiguiera “drogas”. El mismo, obedeciendo la frase, ya que parece que era una orden de estricto acatamiento, los puso en contacto con “distribuidores” y quedaron muy complacidos; tanto que le recompensaron con unas buenas monedas. Al día siguiente, no estando el mismo empleado, contactaron a otro, para realizar la misma “operación”. Este se negó, porque sus principios no se lo permitían. Los huéspedes “que siempre tienen la razón” o “al cliente lo que pida”, se molestaron y presentaron una queja con un “alto” funcionario del hotel. Si ningún debido proceso, sin ningún escrúpulo, el segundo empleado fue despedido.
Sobre este caso, pregunté a los estudiantes ¿cuál de los dos empleados puso en riesgo al hotel? ¿Qué hubiera sucedido si los huéspedes hubieran resultado ser agentes antidrogas encubiertos?
Para ambas frases, existen límites y autolímites. Los primeros son todas las regulaciones que de manera coercitiva, imponen las leyes y reglamentos de nuestro país. Son de carácter obligatorio, son vinculantes y erga omnes. Ambas frases deben ser tratadas con prudencia, no son frases “abiertas” que permiten todo; las dos deben obedecer a principios de razonabilidad y proporcionalidad.
Desde el punto de vista ético, moral y jurídico, no es posible, bajo la premisa de que, porque “el cliente siempre tiene la razón o que al cliente lo que pida”, satisfacerlo cuando se le ocurra que en el hotel se le proporcione niñas y niños menores de edad para tener relaciones sexuales o satisfacer otras fantasías; o ¿qué tal que se le ocurra que quiere estar con una marciana o marciano?. No sería posible satisfacerlo en el suministro de drogas “prohibidas”. Imaginemos que a un huésped se le ocurra pedir para la cena “una guacamaya (Ara macao) al ajillo” o “sopa de tortuga” o “un bistec de elefante” o “una sopa negra con huevos de zopilote”. ¿Se le complacería solo porque se debe cumplir con “al cliente lo que pida”?
Como se puede ver, algunas solicitudes sería inconveniente cumplirlas por razones sociales, otras por razones jurídicas y otras porque no son razonables ni proporcionales quizás a lo que está pagando por su estancia.
Como se puede apreciar no es cierto que “el cliente siempre tiene la razón” y no es cierto que “al cliente lo que pida”, pues hay límites y puede ser que el mismo hotel se autolimite.
NOTA: Este artículo fue escrito el 12 junio 2008
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