BIODIVERSIDAD URBANA
León González
Escrito el 27 Junio 2003 a las 9:30 am
El patio de mi casa es un pequeño "solar" de solo 289 m2, ubicado en el extremo Oeste de Pavas. Según el sistema de Clasificación de Zonas de Vida del Mundo del Dr. Holdridge, corresponde al bosque húmedo Premontano. Dicen que hace muchos años fue un cafetal, luego pasó a ser repastos y posteriormente fue abandonado hasta que llegó la urbanización y fue así como con el tiempo se empezó a usar para tirar desechos principalmente de construcción. Hace más de trece años que empecé a protegerlo. En los primeros años, se desarrollaba solo una especie de pasto gigante. Dada la agresividad de esta especie, era muy difícil el ingreso de otras especies, además de que algunos traviesos, en época de verano pasaban y quemaban, eliminando así cualquier otra semilla que pudiera haber llegado. En una orilla, frente a la calle se levantaba, valientemente en forma retadora y casi insultante al pasto (por supuesto que esta es una lectura antropocéntrica, pues me imagino que estas situaciones no se dan entre las plantas), un único y viejo árbol de Guácimo (Guazuma ulmifolia) en el que difícilmente sobrevivían algunas "parásitas". De vez en cuando aparecía una rata de esas grandes, cafés que, por lo general viven en las alcantarillas (este era el mayor terror para mi esposa) y las poblaciones de insectos, independientemente de la época, eran siempre muy reducidas. Bueno, esto era lógico pues estábamos frente a un ecosistema relativamente pobre y sencillo o como dicen los técnicos, no era un sistema complejo, siendo más bien monoespecífico, con un índice de complejidad muy bajo. El suelo era una capa casi impermeable, fuertemente compactada, color amarillento y rojizo, muy arcilloso, casi no había vida (aunque a veces aparecían algunas hormigas), en verano se abrían grandes grietas (llegué a medir grietas de más de 1.5 metros de profundidad y hasta 5 cm de ancho) y en invierno aquello era un ”chicle”.
Evitamos que lo quemaran. El zacate gigante lo fuimos perdiendo poco a poco, lamentablemente solo con herbicida lo pudimos hacer. Recogía semillas de otras plantas pequeñas y las tiraba y permití que ingresaran otras, las que quisieran. Después de escoger los frijoles que supuestamente no servían, los tirábamos. En invierno dejábamos crecer el monte y lo “chapiaba” cada 15 días, dejando toda la "basura" que se pudriera en el sitio. También empezamos a tirar todos los desechos orgánicos, sin importar el sistema (a veces bien picados, a veces tal y como salían de la cocina, a veces los enterrábamos y los dejábamos al descubierto: creo que esto depende del estado de ánimo y del tiempo disponible). Esto lo hacemos hasta la fecha e inclusive, le recibimos todos los restos de jardín a un vecino. De los frijoles recogíamos vainicas para la casa. Poco a poco fueron llegando más animalillos: arañas, mosquitos, moscas, mariposas preciosas, las hormigas zompopas empezaron a hacer fiesta y sus nidos pretendieron hacerlos en el lugar, lo que les permití por un tiempo, pero luego tuve que hablar muy severamente con ellas y "despacharlas" mediante el uso de otro químico. Por supuesto que a veces nos hacen visitas pero se portan con mucha decencia. Después sembramos maíz, por varios años, y la cosecha era tan abundante que en la casa no dábamos a vasto por lo que compartíamos con los vecinos. En una ocasión sembramos "zuquini", pegaron solo tres matas, pero la cosecha fue increíble. Después quisimos producir más "zuquinis" y nunca fue posible, llegando a la conclusión, tiempo después, que los jobotos estaban haciendo su trabajo por debajo. También combinábamos las siembras de frijol con maíz. Luego sembramos otras plantas de las cuales aprovechamos sus cosechas. Es así como tenemos varias cepas de banano de jardín que son muy proliferas, una de guineo negro que parece que requiere un suelo más fértil, orégano, menta, tres árboles de mango injertado de variedades diferentes (en plena producción), dos de una manguilla criolla pequeña (le llamamos “mecha”), uno de manga “papa”, dos de limón mandarina, uno de limón mesino, tres árboles de naranja Valencia y uno de Washington, uno de guayaba criolla, uno de pitanga, uno de guanábana que aún no quiere cosechar y hace unos días sembramos tres de cas. No puedo olvidar que al principio, para “amarrar” el terreno y tener algo de sombra rápido, sembramos itabos y chicasquiles. El guácimo está a punto de morir, pues he decidido eliminarlo no sin antes agradecerle por haber sido el soporte de algunas parásitas que produjeron las semillas de las que hoy crecen en los mangos y cítricos.
Toda la familia disfruta enormemente las cosechas y las compartimos no solo con vecinos sino con otros animales que nos visitan, principalmente aves y avispas. Los bananos los comemos de todas formas: verdes (en frijoles, puré, ceviche) y maduros; los mangos mis hijas los empiezan a devorar casi desde que están en flor, los cítricos nos deleitan no solo con sus frutas sino el perfume de los azahares, las pitangas son el deleite de mi hija menor quien disfruta salir a cosecharlas y comerlas directamente, las guayabas son las menos aprovechadas porque muy rápido se infectan de gusanos. No omito escribir que entre los desechos orgánicos que tiramos, van semillas de chile dulce y tomate de los cuales hemos llegado a aprovechar muchos de sus frutos. Ya con el suelo ligeramente recuperado, hemos producido pepinos, lechugas, culantro y apio.
Pero no solo esa gran riqueza tenemos. También tenemos, disfrutamos, admiramos y respetamos, la riqueza animal que se ha ido desarrollando en el sitio, salvo dos o tres especies. Esta biodiversidad varía, obviamente con la época del año. En verano es casi un desierto, ¡ pero en invierno....! Allí vemos mariposas de varias especies, arañas (hasta 6 especies), avispas (hasta 4 especies, de hecho en una de las canoas tenemos un enorme y precioso panal), mariquitas o vaquitas, grillos, chapulines (insectos no humanos), entre las aves además de algunas migratorias que llegan a veces, podemos ver yiguirros, comemaíz, viuditas, pecho amarillo y colibríes. A veces aparece una serpiente y es común observar una feliz pareja de lagartos escamosos verdes. Hace algún tiempo habían tres especies de garrapatas que junto con las moscas se habían convertido en una verdadera tortura para nuestro perro “Rocky”, quien a pesar de su ferocidad y tamaño, no las podía enfrentar. Las moscas todavía se reproducen y siguen atacando ferozmente al perro (por supuesto que también le ponemos repelente), pero las garrapatas, esperamos haberlas exterminado. Hemos fracasado en los intentos de mantener algunos sapos, siendo esto quizá una señal de que el ecosistema aun no es tan saludable para ellos. Hay una especie de caracol. La famosa “babosa” que junto con unos ratoncillos pequeños, son la verdadera mortificación, principalmente para mi esposa. Sinceramente creo que las moscas, babosas, garrapatas y ratones son las especies que realmente no queremos.
En esta pequeña área, la biodiversidad es enorme estamos aprendiendo a leerla para disfrutarla. Allí les he hablado a mis hijas de economía, de solidaridad, de amor, respeto, ecología, insectos, de la necesidad de proteger el suelo, formas de recuperar sitios, de manejo de desechos, hemos visto el proceso de metamorfosis de varias mariposas, hemos sido ortigados fuertemente por algunas orugas, disfrutamos de las avecillas que llegan, el perfume de las flores, el descanso espiritual al sentarse en una hamaca a ver llover, observar las plantas germinar y crecer. Ahí, en la época de floración del guayabo, las naranjas y limones, se pueden pasar horas observando una parte del escenario de la vida. Las flores parecen delicadas novias que esperan ser fecundadas por el ser amado, abiertas, con suave perfume se entregan a individuos de especies de abejas diferentes quienes, como si fuera el último acto de su vida, se deleitan, arrancando violentamente pero con gran ternura, el polen que enredan en sus patas y succionan, penetrando con gran delicadeza, el dulce néctar que aquellas producen. Allí se puede ver la vida. ¿Cuánta música y poseía existe en ese mundo “salvaje”, que está vedada a los sentidos del hombre y quizá porque no la entendemos pretendemos destruirla?
Cuidando adecuadamente los lotes vacíos, los patios y antejardines de nuestras casas podemos desarrollar espacios en los que podemos disfrutar de la naturaleza y así aportar un granito de arena para atraer de nuevo mucha de esa riqueza que algunos llaman biodiversidad. Gracias y les felicito por querer hacerlo.
NOTA:
Actualmente (2009) algunas cosas han cambiado. Por ejemplo Rocky está dormido, pero adoptamos a Napo y Visa. El Guácimo murió, los chicasquiles los desaparecimos, la manga mecha y papa las eliminamos. Tenemos dos arbolitos de cas.
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